Cuba Nuestra: Sociedad Civil


Boletín por un socialismo participativo y democrático 204
6 abril, 2016, 8:06
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Holquin, Cuba “hard work “. Foto; Theodor Hensolt, Street

 

No. 204 (21/año 8). La Habana, 5/Abril-2016

“Se reconoce a los ciudadanos libertad de palabra y prensa conforme a los fines de la sociedad socialista”. Art. 53 de la Constitución

 

 

Artículos, notas, reseñas, publicaciones de interés.

Los autores son los responsables de sus escritos.

Reenvíe este boletín a todos los que estime conveniente.

Se autoriza la reproducción total o parcial en cualquier soporte.

Recopilación de Pedro Campos. CE pedrocampos313@yahoo.es o pedrocampos@nauta.cu

Se agradece críticas, comentarios, sugerencias y opiniones sobre forma/contenido

El boletín SPD se puede encontrar en el sitio http://felixsautie.com/ y en el blog Primero Cuba http://primerocuba.blogspot.com

 

ÍNDICE

 

Democratización: demanda de amplios sectores de la sociedad cubana

Por Pedro Campos

 

A debate la necesidad de vivir en la verdad.

Por Félix Sautié Mederos.

 

La pelota: en busca del tiempo perdido

Por Germán M. González

 

El Congreso fallido

Por Marlene Azor Hernández

 

El proyecto de Obama para Cuba
Por: Jesús Arboleya

 

 

OTRAS VISIONES

Tractores en Cuba, mucho ruido y pocos frijoles

Alberto Méndez Castelló (Diario de Cuba)

 

 

CONTENIDO

Democratización: demanda de amplios sectores de la sociedad cubana

Por Pedro Campos

 

La sociedad cubana ha ido experimentando un proceso de maduración política desde la caída de la URSS y el ¨Campo Socialista¨, relacionado con el llamado Período Especial donde quedó demostrada la inviabilidad y falta de sustentabilidad del modelo económico, político y social del llamado “socialismo de estado”.

 

Al tema han sido dedicados cientos artículos y ensayos de críticos desde todos los ángulos de la sociedad cubana. Incluso la propia introducción de una serie de modificaciones realizadas ya con el gobierno de Raúl Castro, aun cuando sesgadas, insuficientes y lentas, algunas enunciadas cuando todavía funcionaba el anterior gobierno, indican claramente que en la propia dirección del Partido-gobierno-estado ha ido creciendo la conciencia sobre la necesidad de cambios en el sistema. El temor a sus consecuencias, es otra cosa.

 

En la cuestión económica la maduración ha sido obvia, aunque no se haya entendido como democratización de la economía, fenómeno que debe acelerarse porque mientras la propiedad esté concentrada en el estado, éste sea el que administre y explote asalariadamente la gran mayoría de los medios de producción, los trabajadores seguirán enajenados de la propiedad y la apropiación de los resultados del trabajo, con todas las negativas consecuencias para la producción y la productividad. Y se sabe: mientras más estado, menos poder del pueblo.

 

Y la democratización de la economía en Cuba tiene necesariamente que ser a costa del estado, el que deberá socializar una parte importante de su propiedad y entregarla a la autogestión de los trabajadores, a la cogestión entre el estado y los trabajadores con apoyo estatal y/o de créditos privados, a las cooperativas y a la empresa privada nacional o extranjera cuando las primeras opciones no sean posibles, en mi opinión desde luego, dada la demostrada ineficiencia de la administración burocrática, la urgente necesidad de interesar a los trabajadores en la producción y la descapitalización de muchas empresas.

 

Este proceso se ha iniciado en forma viciada con la entrega de algunos pequeños negocios del estado, arrendados a “cooperativas” organizadas por el estado y sujeta a controles diversos del mismo, pero debe ampliarse, en busca de productividad y mejora de los ingresos de los trabajadores, a empresas medianas y mayores. También se ha estado haciendo con la participación del capital extranjero o en cooperación con éste, pero manteniendo un control estatal sobre la contratación y los salarios de los trabajadores, que desestimulan tanto a los empresarios como  a los trabajadores.

 

De más difícil comprensión es aceptar que el sistema político también debe sufrir cambios importantes.

 

Y es que, como siempre se ha dicho, los cambios en la conciencia social son  más lentos que las modificaciones de la vida material y económica. La gente en general incluida la mayoría de la burocracia, ve con más naturalidad que crezcan los negocios no estatales. Pero comprender el significado socio-político del fenómeno y trabajar para facilitarlo es otro asunto bien distinto. Y una democratización de la economía, de la propiedad, engendra necesariamente intereses políticos distintos a los del estado todo poseedor y decisor, que deben ser canalizados.

 

En fin que es más difícil a la burocracia entender la necesidad de una  democratización de la vida política del país. Así y todo la misma burocracia habla de que debe haber cambios en el sistema del Poder Popular, se acometen experiencias en algunas regiones. Cansados estamos de oír al Presidente de la Asamblea Nacional que hay que darle poder a los delegados, a las bases; pero nada se cambia en la práctica política, en los mecanismos de funcionamiento, para que el Poder Popular, además de popular, sea realmente Poder. Se dice que se van a aumentar las asignaciones presupuestarias a los municipios, pero eso es insuficiente para que existan verdaderos presupuestos participativos.

 

La urgencia de una democratización de la vida política es una demanda de amplios sectores de la sociedad cubana. Así, por ejemplo, se han realizado varios muestreos independientes los cuales  evidencian que una gran mayoría de la población, más del 75 %, es partidaria de que se permita el pluripartidismo político. Un muestreo realizado por socialistas democráticos, entre 248 personas preguntadas en distintos municipios de Ciudad de La Habana,  arroja que el 83% estaría a favor del multipartidismo.

 

Desde luego, muestreos como el realizado por nosotros mismos, en difíciles condiciones, sin los medios ni técnicas adecuados y sin llegar a todo el espectro de la sociedad cubana, no podrían garantizar su plena confiabilidad, pero ello no elimina que aun aceptando un error del 20 %, indicaría que más de la mitad de los consultados son partidarios de un enfoque distinto al actual en materia de pluripartidismo.

 

Pero más importante que las encuestas, es el hecho de que todo el mundo sabe que en Cuba existen organizaciones y grupos opositores y con pensamiento diferente que de hecho representan corrientes políticas, partido políticos en la práctica. Tampoco es un secreto que en el seno del propio Partido Comunista existen diferencias y si oficialmente se ha dicho que se estudian cambios en la Constitución, una nueva ley electoral y una nueva ley de prensa, es porque hay consenso en el mismo de que debe haber importantes cambios.

 

Igualmente es de conocimiento público que organizaciones de la sociedad civil independiente, desde las posiciones del socialismo democrático y hasta de instituciones oficiales, hay propuestas concretas de elaborar una nueva Constitución y especialmente eliminar el  artículo 5to que establece la dirección general del Partido Comunista sobre la sociedad, lo cual constituye una violación del principio de la soberanía popular.

 

Es elemental que mientras no tengamos una democratización del sistema político, los cubanos tendremos mil y una limitaciones para el ejercicio pleno de nuestros derechos civiles, políticos, económicos, sociales y culturales.

 

Este proceso debe ser obra de todos los cubanos de buena voluntad, dentro y fuera del gobierno, para lo cual urge un Encuentro de la Nación toda, algo que hace años vienen demandando distintos sectores de la sociedad cubana.

 

A debate la necesidad de vivir en la verdad.

Por Félix Sautié Mederos.

 

Aunque estaba trabajando en una crónica dedicada exclusivamente a expresar la crisis de funcionamiento en que se desenvuelven las pocas conexiones legales de INTERNET que algunos tenemos en nuestras casas, en mi caso como Prensa Extranjera, en ese intermedio de tiempo me llegó una convocatoria de la sección “En diálogo” de la Revista Espacio Laical invitándome a participar en un encuentro de reflexión y debate sobre; y cito textualmente: “una cuestión esencial para la proyección ética del ciudadano: Vivir en la verdad”.

 

Ese es un tema de vital importancia en mi criterio, más aún en las circunstancias que estamos viviendo en Cuba, en las que la Verdadaparece tergiversada y manipulada por “Tirios y Troyanos”, al punto que en muchas ocasiones se nos hace muy difícil identificar la realidad objetiva dentro de la cual nos estamos desenvolviendo, dado los barrajes publicitarios que atiborran al respecto a nuestras mentes e incluso a nuestras conciencias. Decidí entonces, integrar mis reclamos sobre INTERNET con este tema de Vivir en la Verdad. Lo voy a expresar pues,  en medio del estrés sistemático que me produce hacer mi trabajo “en línea” con constantes interrupciones, demoras desesperantes, reiteradas caídas de la comunicación y una situación verdaderamente crítica en general. Al respecto de la cual se me crearon muy pocas esperanzas de solución, cuando conocí los planteamientos expresados en los últimos días por la Televisión Cubana  por parte de algunos funcionarios que tienen que ver con esta importante herramienta del mundo actual y los planes de inversiones que se prevén en el país, con un tiempo de realización de tantos años que por la edad que tengo de seguro no podré disfrutar en vida. Es como si la Revolución Tecnológica Digital que actualmente mueve al mundo nada tuviera que ver con Cuba y con los cubanos “todos profanos”, los que debiéramos conformarnos con las migajas detenidas en el tiempo que se nos ofrecen al respecto como si fueran grandes cosas con planes pilotos que “no son planes pilotos” de algo que en el mundo es habitual y cotidiano, con conexiones en espacios abiertos como si fueran la gran novedad con todos los inconvenientes que ello tiene.

 

Decidí en consecuencia, dejar planteado este asunto en mi actual  Crónicas Cubanas de la semana y dar testimonio en su contenido sobre un debate tan importante como el que se efectuó en el histórico Palacio ubicado en la Avenida del Puerto de La Habana Maravilla, tan abandonada,  que hoy alberga al Centro Padre Félix Varela y a la Revista Espacio Laical,  en donde durante muchos años funcionó el legendario Seminario San Carlos cuna en la que se fraguó la nacionalidad cubana. En definitiva Vivir en la verdad, es salirnos de las realidades virtuales que se nos quieren imponer, tal y como sucede con las explicaciones que en los medios oficiales se nos plantean actualmente sobre los propósitos de lo que se hace para que los cubanos podamos acceder y formar parte de la Revolución Digital del mundo de hoy. Comenzando por los espacios abiertos, expuestos al clima, sin comodidad para sentarnos  y coexistiendo  con intermediarios  y algunos maleantes que nos merodean para vendernos las tarjetas de tiempo en línea, que no encontramos en cantidades suficientes en los puntos oficiales de venta; y también ocasionalmente en el caso de los maleantes, si nos descuidamos arrebatarnos nuestros equipos, lo que ya ha sucedido en algunas ocasiones. Todo un espectáculo en una Habana que como se expresa en una canción de la orquesta  Los Van Van: “ya no aguanta más”.

 

INTERNET no es una dádiva que generosamente se nos ofrece por la burocracia oficial. INTERNET es  una necesidad y una urgencia para la vida, la economía, la política y la sociedad en el mundo actual; aunque ello no se quiera reconocer por la burocracia oficialista cubana. Constituye además una realidad del avance de la humanidad de la que ya no se puede prescindir, muy a pesar de la falta de voluntad política con que se ha estado desenvolviendo en  Cuba desde sus inicios. Y, que en la actualidad incluso, hay que reconocer, que se manifiesta  con una actitud menos intolerante y superior a la descalificación y la criminalización con que se trató durante mucho tiempo como si sólo fuera un instrumento del “enemigo”. Así no se podrá asumir el desarrollo que tanto necesitamos.

 

Por otra parte, los ponentes del diálogo fueron certeros en su introducción al tema desde los puntos de vista de la filosofía, la psicología, la ética, el derecho y la práctica concreta en los medios de comunicación social. Una vez efectuado lo importante es esperar por su publicación en el próximo número de Espacio Laical lo cual es una práctica sistemática de esta Revista católica, que contribuye muy especialmente a la difusión de sus debates que considero de excepcional importancia en la Cuba actual, tan necesitada de un diálogo de todos con todos. Recomiendo buscar el próximo número de la Revista y/o leerla en línea tan pronto se publique en su espacio digital,http://www.espaciolaical.org/

 

Finalmente, quiero reseñar algunas cuestiones  sobre el desenvolvimiento del debate. La conducción fue efectiva y discreta a cargo de Gustavo Andújar, Director de Espacio Laical. Desde el punto de vista psicológico con un acertado enfoque personalista, la joven psicóloga Nelys Martín nos ofreció una disertación motivadora para el diálogo que en definitiva se estableció con los asistentes. Monseñor  Antonio Rodríguez quien fuera Rector del Seminario San Carlos de Archidiócesis de La Habana y actual director de la Revista Vitral de la diócesis de Pinar del Río, a quien le profeso un particular aprecio y admiración realizó una disertación magistral desde el punto de vista filosófico y teológico sobre las esencias del significado de Vivir en la Verdad. Desde el punto de vista jurídico el abogado Rolando Suárez imposibilitado de asistir personalmente por asuntos de trabajo, nos envió un análisis jurídico en “Power Point” que nos fuera presentado por el Moderador del Debate. En el último turno de exposición mi colega Fernando Rasverg, destacado Corresponsal de Prensa Extranjera, uruguayo, y ya cubano también en mi opinión muy personal, nos planteó una interesante disertación testimonial sobre las implicaciones objetivas y subjetivas que ha sufrido en su vida profesional por su decisión de vivir en la Verdad, junto con una muy interesante apreciación de la realidad actual de la prensa cubana que comparto plenamente.  Así lo viví, y  así lo expreso en espera de su publicación efectiva en el próximo  número de Espacio Laical, como voz que clama en el desierto en lo referido a INTERNET, y con mis respetos por el pensamiento diferente y sin querer ofender a nadie en particular.

 

Publicado en el periódico Por Esto! de Mérida, Yucatán, México, el lunes 4 de abril del 2016.

 

http://www.poresto.net/ver_nota.php?zona=yucatan&idSeccion=22&idTitulo=469085

 

 

La pelota: en busca del tiempo perdido

Por Germán M. González

 

Y sin comer magdalenas mojadas en té, alimento ajeno a nuestros hábitos, tanto a los tradicionales como a los impuestos por la necesidad en las últimas décadas. Pero no deja de venir esta imagen a la mente cuando en medio del mini glasnost actual oímos o leemos que: Cuba se inserta en una Liga Canadiense – Estadounidense de beisbol profesional; existe cierta apertura, tímida aún, hacia la trasmisión y emisión de noticias del deporte internacional e incluso algo tabú durante décadas, la mención de la actividad de cubanos en otras ligas del mundo, incluyendo más tímidamente aun la que ocurre o ha ocurrido en las MLB, más de tiempos pasados que de los actuales.

Recientemente, en ocasión de una visita al País de una delegación de ese beisbol, el de más nivel en el mundo, que incluyó cuatro peloteros cubanos en activo – con bastante éxito, por cierto – se les llamó por la prensa “beisbolistas cubanos que juegan en las MLB” en lugar de los habituales epítetos de desertores, apátridas, traidores y otros peores. Ahora Higinio Véliz, boss del beisbol nacional, deja bien claro que los atletas cubanos pueden contratarse en cualquier lugar y solo reclama que sea sin discriminaciones ¡Quién lo iba a decir! luego de tantos años pregonando su condición de aficionados y de Eddy Martín y Héctor Rodríguez argumentando sobre la falta de atractivos del beisbol profesional de antes en Cuba y de entonces en el mundo, incluyendo las MLB, y la superioridad del nuestro, supuestamente de aficionados.

Antes de 1959, y de 1963, existían en Cuba la liga profesional de beisbol con cuatro equipos y un nivel entre Triple AAA y MLB, según muchos entendidos, además (no amén, como dicen los periodistas deportivos cubanos) de un gran número de ligas de aficionados y semipro, algunas muy, muy fuertes, como la de Pedro Betancourt, la Azucarera y otras. En esos momentos el beisbol cubano se desempeñaba brillantemente en la Triple AAA, solo hacer notar que los Cubans Sugar Kings, nombre de ese equipo, resultaron campeones en una emotiva serie final en su último año de actuación; la obtención de una franquicia en Grandes Ligas era inminente; se desempeñaba una treintena de peloteros cubanos en la “Gran Carpa” con algo más de un centenar desperdigados por otros países beisboleros, baste decir que un gran número de ellos se encuentran en los Salones de la Fama de esos países, entre ellos y el más sobresaliente MatínDihigo, presente en más de uno. Pero lo más significativo y que determinaba el nivel alcanzado es que se jugaba dondequiera, en cualquier placer o potrero, a cualquier hora, con implementos hechos por los mismos atletas o sus padres y bajo reglas adaptadas al número de jugadores y otras circunstancias, en fin, más que una pasión el béisbol constituía una pandemia nacional.

Cuando se abolió el deporte profesional, solo como retórica porque prácticamente todos los sinónimos de esa palabra sirven para describir a los deportistas cubanos tomando en cuenta el hecho de que esa actividad constituyó su forma y medio de vida y por tanto no fueron nunca, particularmente los más sobresalientes que militaban en los equipos nacionales, aficionados en el sentido lato de esa definición. En ese año se creó la Serie Nacional de Beisbol y la fuente inmediata de atletas la constituyó las ligas amateurs, pero sobre todo, el semipro de las fuertes ligas existentes en el País; siempre corriendo el riesgo de omitir nombres ilustres, cobraron protagonismo, sustituyendo a las estrellas de la MLB y la Triple A: Don Miguel Cuevas, Ñico Jiménez, Los Verdura,  Alfredo Street, Erwin Walters, Urbano González, y muchos más, tan ilustres como los mencionados, que lograron, además de sus cualidades deportivas innegables, impregnarle a las recién nacidas Series Nacionales un carácter sensacional, se jugaba, al decir de Padura y Raúl Arce “con el alma en el terreno” y todavía hoy, para quienes vivimos esa época dorada, los duelos Alarcón contra Hurtado resultan parte de nuestra memoria emocional. Mención aparte e imprescindible para los ex-profesionales que se quedaron en Cuba como entrenadores, directores, profesores. Corriendo nuevamente el riesgo de ser injusto mencionaré a Ealo, Marrero, Fermín Guerra, Carneado, Ledo, P.Pérez y se quedan sin mencionar, al igual que entre los peloteros, nombres tan ilustres como esos. Esos peloteros jugaban “por amor al arte”, con salarios simbólicos a veces (como el resto de los trabajadores cubanos) y condiciones de vida paupérrimas en los lugares donde se alojaban, una estrella que hacia el grado habitualmente para el equipo nacional podía devengar mucho menos salario que un “banco” habitual de su equipo durante la temporada.

En los años siguientes comenzaron a surgir nuevas estrellas, el pelotero se da en Cuba como el marabú que infesta nuestros suelos, pero no es dañino como éste, todo lo contrario. Comenzó la era de los Sánchez, Huelga, Vinent, Marquettí, Rogelio, Muñoz, seguidos por muchísimos más, que continuaron la tradición del beisbol cubano y dieron un nivel envidiable a nuestra Serie Nacionales, se conformaron Equipos Cuba y lo que es más, cuando esto se hacía quedaban fuera súper estrellas, lo cual causaba agrias discusiones con fuertes epítetos insultantes proferidos por los aficionados para los encargados de seleccionar la veintena de escogidos, tampoco muy aficionados, realmente verdaderos fanáticos que es lo que es el cubano con relación a la pelota. Y si a veces se nos va la mano y la lengua, pido disculpas en mi nombre y en el de mis compatriotas.

En resumen, equipos Cuba con Víctor, Omar, Germán, Pestano, Pacheco, Ulacia, Ermidelio, Casanova, Gourriel, nos dejaron con las ganas de ver hasta dónde llegaban, la falta de topes con el gran mundo beisbolero y el uso del bate de aluminio no permiten valorar exactamente su potencial. Solo puede uno imaginar viendo la actuación de Alexei, Pito Abreu, Puig, Céspedes y otros, lo que hubieran brillado en el máximo nivel de la pelota mundial si tomamos en cuenta que éstos no pueden ser mejores que aquellos en términos generales.

Cuando pienso en estos temas no puedo dejar de recordar una frase de Fidel Castro, muy apropiada para muchísimas situaciones que se manifiestan en la Cuba de hoy: Nos casaron con la mentira y nos obligaron a vivir con ella, por eso nos parece que se hunde el mundo cuando oímos la verdad…Durante cinco décadas se topó ¡Esos equipos de gigantes! con escolares, viejos amateurs, en fin, peleas de león a mono, aunque hubo excepciones, se derrotaron lanzadores que luego fueron estrellas de grandes ligas, como Hutton, Nomo, Abbot, y equipos de los que sus integrantes triunfaron en su mayoría, como aquel de Parma, con Ty Griffith, Robin Ventura, Frank Thomas y otros. Pero fueron excepciones, lo normal eran marcadores abultados y campeonatos invictos. Cuando se eliminó la barrera artificial y se comenzó a chocar con equipos profesionales la verdad, amarga, salió a relucir: nos quedamos atrás, el sistema montado sobre la base de un producto interno bruto creado y uno disponible con la “ayuda” soviética, más las deudas contraídas y no pagadas se mostró como era en realidad, insostenible. Insostenibles resultaron los planes de becas masivos, los contingentes, las microbrigadas, la batalla de ideas, es decir, todo en el país, percatarse de eso ocasionó la famosa frase de Raúl Castro “Ahora si vamos a construir un socialismo próspero y sostenible”  y la consiguiente pregunta ¿Y qué c… aramba estuvimos haciendo en cinco décadas de privaciones y sacrificios, diáspora, muertes y encarcelamientos?

Pero volviendo a la pelota: El último destello de grandeza ocurrió en el Primer Clásico, aunque existe la sospecha de que el resto de los países no se preparó, de ahí el primer lugar de Japón y el segundo de Cuba, eso ha evolucionado y el Tercer Clásico mostró las cosas como son en realidad, o al menos aproximadamente. Veremos qué sorpresas nos trae el IV.

Pues bien, al descubierto las amargas realidades, las “deserciones” que no son más que parte de las migraciones masivas de los último tiempos, la falta de nivel de las Series Nacionales, la deserción, tan preocupante como las de los peloteros de los aficionados a los estadios, y la “futbomanía” de nuestros medios, incluso la ausencia, realmente no cubierta, de Eddy Martín y Héctor Rodríguez, que si bien mentían sistemáticamente sobre la calidad del beisbol profesional de antes en Cuba y contemporáneo en el mundo, daban una calidad a las narraciones hoy añorada.

Sume a ello la falta de promoción, divulgación, información, no solo del deporte internacional, sino del nuestro, que jamás se sabe quién lanzará (síndrome del silencio generalizado en Cuba) y a veces ni siquiera a qué hora será el juego, la falta de trasmisiones televisivas (la radio salva algo la situación) y un etcétera larguísimo hacen que hoy esté en peligro, junto con el resto de las cosas que la conforman por las mismas y más razones  esa parte indispensable de nuestra nacionalidad que es el beisbol, como lo fue la agroindustria azucarera hasta su conversión en tema para chistes macabros en la prensa. Según los más viejos las dos cosas de las que todos los cubanos sabían y con nuestro modo exagerado de decir: “más que nadie en el mundo”.

Esperemos que la democratización del País; la cubanización de la economía actualmente administrada por extranjeros; la consolidación de nuestra cultura hoy al servicio de la “nueva clase” que describiera magistralmente MilovanDjilas; procesos todos interrumpidos por el fatídico golpe de Estado del Fulgencio Batista el 10 de Marzo de 1952, conjuntamente con la pelota emprendan el camino “en busca del tiempo perdido” lo más pronto posible, para lo cual lo primero será lograr que los cubanos cuentan con información clara, transparente y sobre todo diversa, para que puedan, al decir de Taladrid: sacar sus propias conclusiones… y obrar en consecuencia, Libertad de opinión, medios para expresarla y su resultante y condicionante: Democracia serán la única forma que se emprenda de nuevo el camino del desarrollo, de  la pelota y de todo lo demás.

El Congreso fallido

Los Lineamientos no se cumplen y el PCC se esconde del control popular

Por Marlene Azor Hernández

En la medida en que nos acercamos al VII Congreso del PCC, los propios militantes de base piden una postergación del Congreso durante tres meses para acceder a los documentos que regirán sus vidas y la de toda la población hasta 2030[1]. Es decir, el Congreso discutirá sus planes para la próxima generación que ahora tiene cinco años. Las generaciones anteriores no merecen atención.

La “democracia secreta” del partido es cuestionada por sus bases, pero también, por los ciudadanos de a pie. Según el órgano oficialista Cubadebate (23/02/2015)[2] se realizaría una consulta popular que ahora se cancela. Solo mil delegados tienen derecho a conocer los documentos que se aprobarán por “unanimidad” con una línea política y económica de ruptura con la realidad precisamente por no contar con ningún consenso político en una población de más de 11 millones de habitantes.

El reclamo popular tiene todo el sentido. El PCC hizo una consulta a la población para aprobar los Lineamientos hace cinco años y la población le dio un “cheque en blanco” a un supuesto gobierno de Raúl Castro más pragmático y organizado que su hermano mayor. El incumplimiento del 79 % de los Lineamientos cinco años después plantea un resultado desastroso: la incompetencia política del gobierno demuestra la imposibilidad de llegar al “socialismo próspero y sustentable” incumpliendo la inmensa mayoría de las metas que él mismo se propone. Si el descontento se midiera en un referéndum, el Gobierno de Raúl Castro sería mayoritariamente desaprobado. En una sociedad democrática perdería el poder.

Los ciudadanos de a pie y los militantes de base del Partido quieren constatar precisamente que en los documentos que se discutirán se posponen sus intereses, sus demandas y sus necesidades, por eso el Buró político del PCC es reticente a mostrarlos antes del Congreso y manipula a la población y a los asistentes al Congreso para arrebatarles por mecanismos extra políticos la unanimidad vacua y ganar otros cinco años más sin control popular.

Los mecanismos extrapolíticos son:

  • El Estado partido controla el empleo estatal y no estatal y quien no muestre anuencia política se convierte en un paria en su propia sociedad.
  • Los CDR, la policía política y el PCC zonal monitorean a los ciudadanos en sus lugares de residencia y trabajo para permitirles o no a los ciudadanos la inclusión/ exclusión social: empleo, educación y calidad de la atención médica. Los niveles de pobreza generalizada y oculta a la opinión pública que el gobierno mantiene, permite también enturbiar la relación entre el disenso y la marginación social.
  • La múltiples formas de represión al disenso: intimidaciones personales y familiares por parte de la policía política que involucra al sindicato, el partido y los CDR, lapidaciones morales, pérdida del empleo, acoso laboral, ataques físicos por supuestos “delincuentes”, son todas las preliminares para empujar al ciudadano a la disidencia abierta con represalias mayores de cárcel, golpizas, vandalismos de sus casas delante de su familia, confiscación de sus bienes, o empujarlos al exilio.

Estos mecanismos extrapolíticos son lo suficientemente disuasivos para mantener la sumisión de la ciudadanía y aprobar líneas políticas que ni siquiera entiende.

Brutalizar a la población para mantener el control político

En Cuba no hay políticos: hay funcionarios clientes que bajan la cerviz frente a los mecanismos de control político, reciben prebendas personales ocultas al escrutinio público —de acuerdo al cargo— roban al erario público en la medida de su poder discrecional y mantienen la más absoluta represión del disenso como línea de supervivencia en el cargo. Por eso las sociedades del “socialismo real” incluyendo Cuba, son las más “apolíticas” de la historia de la humanidad.

Es una política expresa para desarmar a la ciudadanía: carece de información y análisis de la realidad por tener una prensa amordazada, recibe un bombardeo de propaganda que no tiene relación con la realidad nacional y la autonomía económica y política de la sociedad civil y de cada ciudadano está demonizada y maniatada. En este escenario de monopolio de la fuerza y de la información, el PCC brutaliza a la población.

Un ejemplo de brutalización de la ciudadanía, lo tenemos en la Convocatoria al 1ero de mayo aparecida en Granma (01/04/2016), en el que se convoca a la “adoración” del Fidel Castro[3] en su noventa aniversario, un “político” que se declara incompetente en su más reciente escrito[4] y que nos convoca al “sacrificio” perenne mientras ha consumido por más de medio siglo todas “las mieles del poder” del erario público nacional.

Además, la CTC quiere homenajear fechas de “glorias” personales pasadas de la cúpula del poder que no tienen que ver ni con la mesa popular, los salarios, el transporte, la vivienda, el desabasto de agua, la electricidad, el empleo paupérrimo, el acceso a una Internet maniatada, ni con la impunidad con que la autoridad actúa en todas las instituciones contra la población, y contra el disenso. Esta es otra evidencia de la ruptura del PCC con la realidad nacional y de la naturaleza antipolítica del “partido” cubano. La única central sindical permitida no recoge ni una sola demanda de los trabajadores cubanos: los convoca al ejercicio rutinario de la doble moral, so pena de represalias de todo tipo, o es el precio a pagar para tener una mínima libertad para vivir en la obligada ilegalidad económica que impone el gobierno con su política económica.

Cuba es un estado disfuncional propio de los países que recién terminan una guerra: las instituciones no funcionan para los fines por las cuales fueron creadas y los que “dirigen” no atienden las necesidades perentorias de la población. Los funcionarios a todos los niveles desde el central al más simple empleado, tienen tres consignas para volver un calvario la vida nacional: “no hay”, “no está permitido” “no tengo respuesta que darle” No hay ningún cambio en esta línea política y esa es la estructura de la sociedad: el funcionamiento de sus instituciones. Es en este sentido que Cuba tiene un “estado fallido” y no porque no controle su territorio ni la violencia dentro de este, al contrario, es el Estado el que genera toda la violencia contra la ciudadanía por su incompetencia política.

Acostumbrados a no rendir cuentas y a mantener en secreto políticas que se toman de espaldas a los ciudadanos y que sistemáticamente se incumplen, el próximo Congreso se anuncia fallido, con grandes metas para dentro de 15 años como si fuera una novela de ciencia ficción. No ocuparse del presente, es la consigna del expresidente cubano Fidel Castro[5], que permea a toda la nomenclatura en el poder: Los intereses y necesidades de los ciudadanos son insignificantes frente a “la Historia” y los antipolíticos funcionarios cubanos están interesados en seguir apropiándose del erario público sin rendir cuentas y con total opacidad, proponiendo planes inviables como lo demuestra el incumplimiento de los Lineamientos.

[1] Francisco Rodríguez Cruz, “Carta abierta a Raúl Castro” en El blog de Paquito de Cuba, 26/03/2016. También se puede encontrar el apoyo a esta demanda en el Boletín del SPD # 201, 26/03/2016.
[2] “En abril de 2016 tendrá lugar el Congreso del Partido comunista de Cuba” Cubadebate, 23/02/2015.
[3] El gobierno cubano utiliza a Fidel Castro para dos funciones que le son vitales: dar la imagen de una “continuidad” política como con la muerte de Mao Tse Tung en China y por otro lado agitarlo como “espantapájaros” de tanto en tanto, como muestra del lado más reaccionario y conservador del inmovilismo gubernamental.
[4] “El hermano Obama” Granma, 28/03/2016.
[5] “Fidel Castro se declara incompetente” Cubaencuentro, 30/03/2016.

El proyecto de Obama para Cuba
Por: Jesús Arboleya

Superada la conmoción mediática generada por la visita a Cuba del presidente Barack Obama, vale la pena que nos detengamos a analizar la sustancia del acontecimiento y sus circunstancias.

¿Cuál es el proyecto de Obama para Cuba?

Responder a esta pregunta requiere que primero nos adentremos en su visión del mundo y la política que considera más conveniente a los intereses de Estados Unidos.

Obama es un firme partidario de la llamada “doctrina del poder inteligente”, la cual plantea el uso racional de la aplicación combinada de todos los recursos de la política exterior norteamericana, dígase la fuerza militar, la diplomacia y la  influencia económica, adaptándolos a las condiciones específicas de cada momento y lugar.

En su caso, ello ha implicado dar preferencia a la negociación para la solución de conflictos y, cuando esto no ha dado resultado, recurrir más a la sanción económica u otros recursos de presión política, antes que hacer uso de la violencia militar.

También evitar el involucramiento directo de tropas norteamericanas en los conflictos bélicos locales; promover acuerdos bilaterales y regionales, especialmente en el área económica, y llevar a cabo una política exterior que tenga en cuenta el multilateralismo y el respeto a ciertas reglas del orden internacional.

Todo ello en función de cuidar la imagen de Estados Unidos hacia el resto del mundo y proyectarla mediante la explotación intensiva de los medios de comunicación masiva y las nuevas tecnologías de la información. Algunos dicen que si Kennedy fue el presidente de la televisión, Obama lo ha sido de Internet.

Contrario a esta lógica, están las fuerzas –ahora denominadas neoconservadoras– que opinan que el poderío norteamericano no debe verse restringido por ninguna otra consideración que no sean los intereses imperialistas de ese país.

Desde esta perspectiva, la fuerza militar constituye el principal disuasivo de la política exterior y debe ser utilizada o estar lista para ser utilizada en la solución de aquellos problemas que pudieran afectar el dominio norteamericano.

Para los neoconservadores, el orden mundial debe subordinarse al  reconocimiento de la primacía económica, política y militar de Estados Unidos, por lo que el unilateralismo no es más que la consecuencia natural de la asimetría de poderes.

Ambas doctrinas tienen larga data en la historia estadounidense y han consumido los debates respecto a la política exterior del país. A pesar de sus diferencias de forma, tienen el objetivo similar de pretender consolidar la hegemonía estadounidense en el mundo. Lo que se traduce en el propósito de controlar al resto de los países e imponerles, a las buenas o las malas, la política norteamericana.

El origen ideológico de esta proyección de la política exterior hay que buscarlo en la tesis del “destino manifiesto” y la “excepcionalidad del pueblo norteamericano”, aspectos que iluminan la visión política de los dos bandos, y tienen una enorme influencia en la cultura política del pueblo norteamericano.

Como estas  corrientes no se han expresado de manera químicamente pura –los presidentes más “inteligentes” han llevado a cabo guerras muy sangrientas, a veces insensatas, y los menos “inteligentes” se han vestido de negociadores, cuando así lo han aconsejado los acontecimientos– resulta complicado establecer periodizaciones rígidas respecto al comportamiento de la política exterior de Estados Unidos. No obstante, es posible intentar aproximarnos a ciertas constantes, para describir los ciclos donde ha prevalecido una u otra de estas corrientes.

Por lo general, las políticas más agresivas están relacionadas con momentos de euforia del sistema, donde prima el expansionismo a toda costa. Los períodos de contención, por el contrario, aparecen más relacionados con el interés de mantener el estatus quo, precisamente cuando fracasan o se agotan las condiciones que aconsejaban las políticas más agresivas.

Aunque el poderío militar también ha sido utilizado como recurso para superar las crisis, lo usual es que los momentos de contención estén relacionados con circunstancias donde la hegemonía norteamericana se ha visto debilitada. Esta dinámica aparece traspasada, y en buena medida determinada, por la compleja situación interna del país y los intereses específicos que compiten por su prevalencia en el terreno doméstico.

Lo que ocurre en la actualidad en Estados Unidos es que no existe un consenso suficientemente extendido en los sectores de poder respecto a la adopción de una u otra variante, ya sea en el plano doméstico o la política exterior, lo que explica la polarización política existente y el peso adquirido por las denominadas “corrientes antisistémicas”, en el proceso electoral que se lleva a cabo.

Obama llegó al poder en medio de una crisis estructural que abarcaba todos los aspectos de la vida nacional y ha tenido que lidiar con una sostenida oposición conservadora, la cual prácticamente le ha impedido avanzar en sus políticas públicas, a pesar de que pudiera ser considerado uno de los presidentes ideológicamente más liberales de la historia del país.

También se han visto cercenados algunos objetivos de su política exterior, como el cierre de la cárcel en Guantánamo. Por otro lado, ya sea por presiones o convencimiento propio, se mantienen inalterados los inmensos planes militaristas, la realización de proyectos subversivos en diversas partes del mundo, especialmente en América Latina, privilegiando a las fuerzas de derecha que supuestamente se oponen a su política, e igual se ha visto implicado en el apoyo a grupos terroristas, especialmente en el Medio Oriente.

Además, se ha involucrado en acciones bélicas tan nefastas para los propios Estados Unidos como la destrucción de Libia y los problemas originados por las guerras indiscriminadas de George W. Bush siguen presentes, incluso se han incrementado, creando un clima de inestabilidad que afecta a todo el mundo.

A su favor cuenta haber reducido significativamente la presencia de tropas norteamericanas en contiendas en el exterior –una necesidad más interna que de política exterior–, ha intentado la solución multilateral de diversos conflictos y ha dado preferencia a la negociación con Estados considerados “adversarios”, lo que ha reportado beneficios a la política internacional de Estados Unidos, a pesar de la oposición de sus adversarios.

En esta lógica se inserta el caso de Cuba. Está claro cuáles son sus objetivos, él mismo los ha reconocido de forma más o menos explícita, pero el cambio de método no es el resultado de la “buena voluntad”, sino un indicativo de factores objetivos relacionados con el deterioro relativo de la hegemonía norteamericana.

Como en ningún otro caso, es en Cuba donde Obama ha podido desplegar todos los atributos de la filosofía que orienta su política exterior y tanto se ajusta a su figura. Para Obama resulta muy convincente el argumento de que la vieja política ha fracasado y ello basta para descalificarla. En definitiva, el “poder inteligente” se define exclusivamente por la justa selección de los métodos a emplear con vista a alcanzar los resultados deseados.

Mucho se habla de los cambios en Cuba como base del presente y el futuro de la nueva política norteamericana, pero poco se comenta de los cambios que han tenido que ocurrir en Estados Unidos, para que Obama haya podido encaminar su nueva política hacia el país. El hecho de que un presidente de Estados Unidos se presentara en la “Isla Roja” en son de paz, evitando, hasta donde pudo, asumir ínfulas imperiales, describe, por sí mismo, las particularidades de la nueva coyuntura.

El mérito de Obama consiste en haber comprendido sus propios límites y actuar en correspondencia, sin que ello implique garantías respecto al futuro, aunque ofrece las pistas que nos permiten acercarnos al análisis de las tendencias que deben prevalecer en el devenir histórico.

Los cubanos también nos enfrentamos a hechos objetivos. No estamos en condiciones de decidir cuál será la política de Estados Unidos hacia el país, pretenderlo sería como tratar de escoger entre un huracán o un terremoto, la ciencia radica en prepararnos para lo que venga y saber aprovechar cada coyuntura, para igual actuar en función de nuestros propios intereses.

En esto consiste la oportunidad que nos brinda lo que me gusta llamar la existencia de un clima de “convivencia entre contrarios”, resultado de una situación política concreta que puede favorecer el desarrollo de la nación y que no es un paso menor en la historia de las relaciones entre los dos países.

 

OTRAS VISIONES

Tractores en Cuba, mucho ruido y pocos frijoles

Alberto Méndez Castelló (Diario de Cuba)

 

Una inspección estatal al parque de tractores existentes en Cuba comenzará a partir de hoy. El director general del gubernamental Centro Nacional de Control de la Tierra y Tractores (CNCT), Eddy Soca Baldoquín, declaró a medios oficiales que “la convocatoria más apremiante del Centro se enfoca en la actualización técnica y registral de tractores y cosechadoras autopropulsadas, prevista del 1 al 30 de abril”.

 

Salvo los tractores y cosechadoras empleados en la vigente zafra azucarera, que serán inspeccionados en los campos donde laboran para no interrumpir la faena, el resto de la maquinaria agrícola de Cuba deberá pasar por las oficinas registrales de todos los municipios del país.

 

Se inspeccionará el estado técnico y la documentación legal de cada equipo. Los tractores o cosechadoras declarados inactivos, se registrarán como tal donde permanezcan aparcados debido a sus insuficiencias mecánicas, dijeron fuentes oficiales.

 

Según el director del CNCT, en el censo de 2015 en Cuba fueron registrados 62.668 tractores, esto es, 225 menos que en 2014 y 1.739 menos que en 2013.

 

Con respecto a 1989, cuando la cifra de tractores era de 76.800 (según Armando Nova González, La agricultura en Cuba, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2006), la cifra de tractores rodando en la Isla disminuyó en unos 13.332 equipos, algo así como 512 tractores menos anualmente en los últimos 26 años.

 

Vistas las cifras así, parecería que según pasan los años Cuba se queda sin tractores, y de ahí su improductividad agrícola y el insuficiente abasto de productos agropecuarios en los mercados, pero tal vez, valga la pena establecer una hipótesis antes de concluir con razonamientos apresurados:

 

Acaso… ¿no será que durante más de 50 años Cuba poseyó un parque de tractores sobredimensionado, con mala administración y de ahí su pésimo empleo?

 

Según Nova González en la obra citada, cuando en 1989 Cuba contó con más de 76.000 tractores, el promedio de trabajo por equipo fue de solo 4,7 horas por día de labor. Pero no conformes con la ociosidad por jornada de trabajo, encomendémonos a la relación tractor-habitante.

 

Entre 1935 y 1958 Cuba importó 25.847 tractores, según datos del Ministerio de Hacienda. Cerrando la cifra de población en 6 millones, la relación tractor-habitante correspondería a un tractor por cada 232 cubanos.

 

Cifras del censo de 1946 dicen que Cuba ya se autoabastecía al 100% con su cosecha de frijoles negros y al 50% con la producción nacional de frijoles colorados. Para 1959 Cuba ya venía produciendo unas 60.000 toneladas de frijoles anuales; pero ya en los años 70, con más tractores de los que nunca poseyó en su historia, la producción cubana de frijoles descendió al rango de las 8.000 toneladas anuales, mientras las importaciones crecieron en el orden de las 100.000 toneladas por año.

 

Solo un ejemplo de actualidad: la provincia Las Tunas posee una población de 532.645 habitantes y un parque de maquinaria agrícola, según el censo de 2015, de 3.265 tractores. Esto es en números redondos, un tractor o cosechadora autopropulsada por cada 163 habitantes. Pero según fuentes oficiales, en Las Tunas hay 26.940 hectáreas de terrenos baldíos, y de ellos, el 30% infectado de marabú.

 

Luego de en 2014 haber viajado durante seis meses por 33 estados de EEUU, este corresponsal puede afirmar que en Cuba hay más tractores circulando por zonas urbanas, que todos los vistos alejados de la tierra arable estadounidense, que solo son los de exhibición.

 

“El problema de la maquinaria agrícola de Cuba no radica en que sea anticuada y esté carente de piezas de repuesto, que sin dudas carece de recambios y es vieja, pero rueda”, dijo un ingeniero agrónomo entrevistado para este reportaje.

 

“No importa cuán viejo sea  un tractor si está en un estado técnico, sino bueno, al menos razonablemente óptimo para que cumpla su cometido: arar, gradar, nivelar, surcar, sembrar, cultivar, cosechar, molinar… Pero este es el problema de Cuba: demasiados tractores fuera del campo porque faltan camiones y automóviles en las carreteras, y entonces ellos hacen trabajo de transporte.”

 

Y continúa: “La pregunta no es cuántos tractores tenemos, sino cuántos implementos agrícolas tenemos por tractor y cuántos tractores técnicamente aptos, emplean herramientas de labranza. Lo demás poco importa: un tractor se fabrica para hacer producir la tierra, y de nada sirve saber cuántos tractores tiene un país si su gente carece de incentivos para emplearlos según fueron diseñados, o por necesidad los saca del campo y los pone en la carretera”.

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