Cuba Nuestra: Sociedad Civil


Desde La Habana: comunicado sobre La Jornada 10 en 72
31 octubre, 2014, 13:56
Filed under: Sin categoría
La Habana. "Maleconeando". Foto: JFabra

La Habana. “Maleconeando”. Foto: JFabra

La Habana, 31 de octubre de 2014

Jornada 10 en 72
La Jornada 10 en 72 ha sido un éxito. Más de 3000 firmas por la Constituyente en Cuba recogidas por 300 activistas a lo largo del país en solo tres días.
Del 28 al 30 de octubre se realizó esta primera Jornada de autoridad cívica que viene a demostrar que la sociedad cubana está preparada para cambios fundamentales que devuelvan la legitimidad política a quienes corresponde: los ciudadanos.
Consenso Constitucional gana en legitimidad social y legal como propuesta de cambio desde la ley, a través de la ley y hacia la ley, basada en el Estado de derecho. Contamos ya con más de 11 mil firmas en bruto, unas cuantas más de la cifra legal que exige la Constitución vigente, que pasaran ahora por un proceso de revisión para determinar su autenticidad.
A partir de este momento daremos otros dos pasos: primero, empezar el proceso de notariar las firmas de los firmantes que estén dispuestos a hacerlo y, segundo, preparar el proyecto de propuesta de ley para reformar el Artículo 137 de la Constitución vigente que bloquea el ejercicio de la soberanía ciudadana.
Y 10 en 72 continúa. La próxima Jornada se realizara entre el 10 y 12 de diciembre. Consenso Constitucional invita a todos los activistas y a los ciudadanos a sumarse para recoger 10 firmas posibles durante tres días dinámicos en comunidades y barrios de todo el país, excepto en centros laborales y escuelas, para apoyar la demanda por una Asamblea Constituyente. Como propuso un activista de los más audaces, un buen lema de estas Jornadas podría ser:
Mis 72 horas por la #CiudadaniaConstituyente
Consenso Constitucional sigue con su sueño y ambición: un nuevo Capitolio Nacional al que lleguen representantes libremente electos.
Todos los activistas que quieran sumarse a este programa pueden contactarnos en: nuevopais11@gmail.com o en los teléfonos: 52840388 o 8839994.
La #CiudadaniaConstityente viene.

Gestores Consenso Constitucional



Jornada 10 en 72
26 octubre, 2014, 9:57
Filed under: Sin categoría
Puesta de sol en La Habana. Foto:  Sam Kelly

Puesta de sol en La Habana. Foto: Sam Kelly

La Habana, 22 de octubre de 2014
Comunicación

Del 28 al 30 de octubre se realizará la primera jornada 10 en 72. 10 en 72 es un programa de recogida dinámica de firmas por una Asamblea Constituyente. En 10 y 72 cada activista se compromete a recoger 10 firmas en 72 horas es decir, en 3 días, moviéndose en todas las direcciones de la sociedad cubana. En comunidades y barrios, y en todos los lugares posibles del país, estos activistas invitarán a los ciudadanos cubanos a apoyar la demanda por una Asamblea Constituyente.
Comenzamos con 300 activistas en todo el país. Comenzar por lo poco garantiza consistencia en las propuestas y mejor definición de un trabajo que se hace cara a cara con los ciudadanos y de frente a la represión. Las firmas que se recojan se sumaran a las más de 8000 con las que ya contamos en esta iniciativa.
Consenso Constitucional tiene un sueño y una ambición. Un nuevo Capitolio Nacional al que lleguen representantes libremente electos.
Todos los activistas que quieran sumarse a este programa pueden contactarnos en: nuevopais11@gmail.com o en los teléfonos: 52840388 o 8839994.
La #CiudadaniaConstityente viene.

Gestores Consenso Constitucional



Izquierda y derecha en Cuba, discursos y realidades
7 octubre, 2014, 20:00
Filed under: Sin categoría
Típico mural cubano. Foto: Ed Yourdon

Típico mural cubano. Foto: Ed Yourdon

Por Pedro Campos.
pedrocampos313@yahoo.es

No es el discurso lo que determina si una perspectiva política es de izquierda o derecha, sino la posición respecto a los derechos políticos y civiles de las mayorías, a la soberanía popular.

Los conceptos izquierda y derecha aparecieron específicamente en la votación realizada por la Asamblea Nacional Constituyente, surgida de la Revolución Francesa en 1879, cuando se discutía si se incluía en la Constitución el veto del rey a las leyes aprobadas por la futura Asamblea Legislativa.

Los diputados que estaban a favor del veto, -de hecho, el mantenimiento del poder absoluto del monarca-, se situaron a la derecha del presidente de la Asamblea. Los que estaban en contra, y por tanto a favor de la soberanía de la Asamblea sobre la autoridad real, se situaron a la izquierda.

Así, tales nociones quedaron asociadas a las luchas a favor o en contra de los derechos civiles y políticos de las mayorías, de la igualdad ante la ley, de la democracia, de la soberanía popular o la centralización del poder.

Por eso, el término derecha ha sido apropiado para calificar a los gobiernos dictatoriales que han suprimido el estado de derecho, los derechos ciudadanos, las elecciones y procesos democráticos, las constituciones democráticas, los parlamentos y han gobernados por leyes impuestas sin aprobación popular.

En la mayoría de los países, más y menos desarrollados, en la actualidad la distinción entre izquierda y derecha se hace transparente por las grandes diferencias sociales y económicas y por el control del poder político por las minorías de los grandes intereses capitalistas.

Cada cual puede acomodar esos criterios tradicionales a la situación en Cuba, como bien le parezca, para identificar dónde están la izquierda y la derecha.

Desde mi punto de vista, en nuestro país las diferencias tienden a nublarse por el discurso revolucionario y antimperialista del poder y el hecho real de que la Constitución vigente fue aprobada por una amplia mayoría del pueblo. Pero habría que recordar que eso fue hace casi 40 años y en otras condiciones nacionales e internacionales.

Además la aplicación práctica de esa Constitución ha resultado en una alta concentración del poder político y económico en manos de una élite tradicional, sin alternancia, resistente a cambios verdaderamente democráticos en el sistema político cubano.

Echada a un lado la fraseología del poder y sus medios, al trasladar aquellos conceptos a la realidad cubana de hoy día, encontraríamos la izquierda en los que luchan a favor de la descentralización, la democratización y socialización del poder político y económico, y porque se respeten los derechos políticos, civiles, económicos y sociales de todos los cubanos.

En fin, por cambios que favorezcan a las mayorías marginadas o limitadas en su participación en la política y la economía, por el alto nivel de centralización y monopolización de las mismas.

Hoy, en Cuba, la derecha, en términos políticos heredados de la Revolución Francesa, pues estaría claramente representada en quienes se aferran al poder político y económico centralizado y monopolizado por la elite que se considera ella misma única heredera de la revolución popular y democrática de 1959.

Una minoría que excluye de las decisiones de todo tipo a las grandes mayorías del pueblo cubano, en nombre de un “socialismo” que ha encubierto un capitalismo monopolista de estado administrado por esa élite y del “marxismo-leninismo”, reconocido disfraz del neo estalinismo.

Si a eso le agregamos las políticas económicas de corte neoliberal aplicadas por el gobierno como el cierre de empresas y fábricas, la racionalización de miles de empleos, el estímulo a la explotación asalariada por privados y la apertura amplia al capital internacional, en quien cifra las esperanzas para salir de la crisis, marginando y limitando las posibilidades de las fuerzas productivas de los propios cubanos, entonces ya no quedarían dudas.

Pero, para evitar confusiones, habría que hablar de una Nueva Derecha Cubana en el poder y no confundirla con la vieja derecha desplazada del control de la nación, por la revolución política de 1959, asentada desde entonces en EEUU que, tampoco, representaba ni defendía ayer, ni hoy representa ni defiende, los intereses de las mayorías excluidas de participar en el poder político y económico, interesada solo en recuperarlo para sí.

De manera que cuando se habla de la Nueva Derecha Cubana en el poder, se está haciendo honor a aquella noción política de la revolución francesa, pues al final de cuentas no es el discurso lo que califica si una perspectiva política es de izquierda o derecha, sino la posición respecto a los derechos políticos y civiles de las mayorías, a la soberanía popular.

Hoy, en Cuba una izquierda, diversa, -que iría desde anarquistas y socialistas de distintas corrientes, hasta demócratas y liberales-, demanda la democratización del poder político y económico y la liberación de la economía de los controles monopólicos estatales, a fin de que se respeten los derechos humanos, civiles, políticos, económicos, sociales y culturales de todos los cubanos y puedan florecer las llamadas -por los estatalistas- formas “no estatales” de producción.

Un lenguaje revolucionario en sus esencias, sin la fraseología “izquierdista” de la Nueva Derecha en el poder que, por mucho camuflaje, se identifica con la elite minoritaria que todo decide, poseedora del poder político y económico, el cual no está dispuesto a compartir con las mayorías.

Y, aunque parezca paradójico, encontramos defendiendo posiciones de izquierda, como son los derechos civiles y políticos de las mayorías desposeídas y explotadas, a grupos que el gobierno “socialista” califica de “contrarrevolucionarios al servicio del imperialismo”.

Es la dialéctica de la historia, de la lucha que se desata cuando sectores minoritarios se apropian del poder y tratan de excluir a otros, mayoritarios o no.

Para solucionar las contradicciones sociales sin grandes conflictos, el poder político y económico debe estar compartido entre todos los ciudadanos, quienes deben decidir en referendos y procesos renovados las leyes que a todos atañen, elegir democráticamente por el voto directo y secreto los cargos públicos en alternancia, aprobar y controlar los presupuestos participativos y administrar directamente sus negocios en forma individual o colectiva, lo cual debe quedar claramente establecido en la ley de leyes, la Constitución.

A fin de promover el diálogo inclusivo de todos los cubanos que nos ayude a salir del actual laberinto y encontrar ese camino, esa Amplia Izquierda Cubana debería echar a un lado sus otras diferencias y tratar de coordinar sus proyectos y acciones pacíficas y democráticas.

Por una sociedad de trabajadores libres.

7 de Octubre de 2014,



La Cuba de hoy: ¿la URSS de ayer?
1 octubre, 2014, 7:33
Filed under: Sin categoría
Comunismo, quién te ha visto quien te ve: Mao, Brezhnev, Tito, Ceausescu, Castro en la portada del Time Magazine, Junio 13, 1969  Foto: a-birdie

Comunismo, quién te ha visto quien te ve: Mao, Brezhnev, Tito, Ceausescu, Castro en la portada del Time Magazine, Junio 13, 1969
Foto: a-birdie

Por Pedro Campos
pedrocampos313@yahoo.es

Hoy en Cuba el panorama no es igual, pero se le parece. Si la llamada dirección histórica, no desea terminar como la de Brézhnev, debería realizar importantes reformas económico-políticas

Revisando los últimos tiempos de la era Brézhnev, nos encontramos con que el aumento del presupuesto militar de la entonces URSS la estaba arruinando, mientras que aumentaba aceleradamente la escasez de productos de primera necesidad, junto al deterioro de la agricultura la industria y los servicios. Fue la época de mayor “estancamiento”.

Debido a la falta de un liderazgo sensato por la vejez, el alcoholismo, la autocomplacencia y las enfermedades del más condecorado de todos los “soviéticos”, la elite burocrática del partido y el gobierno se concentraba en sus intereses estrechos, a la espera de la etapa post-Brézhnev.

Las diferencias se pagaban con las destituciones. La oposición democrática, la lucha por los derechos humanos y libertades civiles eran asfixiadas con represiones, juicios y apresamientos. Las sombras del estalinismo eran visibles”, reconocería después Gorbachov.

La apatía hacia el “socialismo” se generalizaba y el alcoholismo en la población crecía, como vía de “escape” de los ciudadanos.

La confrontación con Occidente y especialmente con EEUU se acrecentaba. La retórica “antimperialista” de los medios de prensa oficiales pretendía justificar la represión interna, la falta de democracia y la carrera armamentista.

Hoy, en Cuba, el panorama no es igual, presenta características propias, pero a pesar de la “actualización”, se le parece en no pocos aspectos y en otros la situación es más complicada.

La economía no puede estar peor. Aumentan el cuestionamiento a la gestión estatal y a los resultados de la “actualización”. La oposición crece a pesar de la represión no disimulada. El estatalismo absoluto se ve obligado a ceder terreno. Las nuevas tecnologías imponen su signo.

La imagen de dirección colegiada que pretende Raúl entra en contradicción con la realidad del sistema centralista establecido. Su liderazgo, no obstante sus 4 estrellas y sus nombramientos al frente del partido, del consejo de estado y del consejo de ministros, no parece suficiente a una burocracia acostumbrada al mando directo, personal y pormenorizado de Fidel.

Y éste, con sus “reflexiones”, dando respuestas o imponiendo líneas omisas en el estado-partido-gobierno, alienta las confusiones.

Raúl, enigmático, apenas aparece en público y sus opiniones no pasan de sus discursos en el último Congreso del PCC y en las sesiones, 2 veces al año, de la ANPP.

Solo algunos miembros del BP, de vez en cuando hacen alguna declaración general aislada, desconectada de la realidad y de los graves problemas que aquejan a la sociedad cubana.

La segunda figura del gobierno, Díaz Canel , “joven” con el que se desea proyectar una imagen renovadora, no es el segundo del PCC, institución que según la Constitución ejerce la dirección del país; ni proviene de la nomenclatura militar que concentra el poder político y económico…

El espíritu innovador de los primeros discursos de Raúl y de algunos aspectos de la actualización, son constantemente impugnados por las propias leyes del gobierno, por las regulaciones de los burócratas encargados de concretar las políticas y por la misma lentitud en las “reformas”.

El cuentapropismo y el cooperativismo, que según los lineamientos deberían asumir un papel más importante en la economía y la sociedad cubanas, son frenados por incoherentes imposiciones. La pretendida autonomía para las empresas estatales, sin control obrero, alienta las expectativas de los burócratas para adueñarse de ellas con el primer jalón a la piñata.

Monopolios y entidades estatales como ETECSA, la Aduana de la Republica, La ONAT, las corporaciones turísticas y últimamente Labiofam y otras, actúan en contradicción con el espíritu anunciado en las políticas oficiales o ponen en ridículo al gobierno. La corrupción es generalizada, con muchos funcionarios procesados a todos los niveles.

Aumenta la apatía de las mayorías hacia el “socialismo” y crece el número de simples trabajadores dispuestos a abandonar el país por cualquier vía buscando mejoras económicas. La deserción de peloteros, otros deportistas, artistas y misioneros es alarmante.

La cantidad de cubanos que llegan a territorio norteamericano o son interceptados en alta mar, recuerdan momentos de crisis similares anteriores, lo que unido al incremento de las salidas legales, por las últimas reformas migratorias, están desangrando la masa joven, profesional, trabajadora y emprendedora del país.

El proyecto “socialista” que enroló a las mayorías en las primeras décadas, ya no logra entusiasmarles y, de todo, se vuelve a culpar al bloqueo imperialista.

El “cambio de mentalidad” no pasa de consigna y el militarismo desestimula la iniciativa.

Los bajos resultados económicos del estado asalariado, los temores naturales por la economía en crisis y su control casi absoluto por el estado, junto al fortalecimiento de las medidas del bloqueo-embargo de EEUU para obstaculizar el desenvolvimiento de las finanzas gubernamentales, desalientan el arribo sustantivo de capitales externos frescos.

El gobierno de Raúl creyó que liberar los presos que quedaban del grupo de los 75 con la mediación de la iglesia, mover algunas medidas (no convincentes) en el área del mercado y eliminar algunas absurdas regulaciones, le permitiría cambiar la imagen internacional que existe sobre las violaciones de los derechos humanos e influir en la posiciones de los grandes controladores del capital internacional, especialmente estadounidenses.

A la espera del levantamiento del bloqueo todavía con Fidel, el estado concentraba recursos en el turismo, que Raúl intensificó con la unificación de los monopolios militares y estatales, el mega-proyecto del Mariel y las marinas, campos de golf y zonas residenciales para ricos.

Quedaron para tiempos mejores las inversiones en vivienda, alimentación y transporte, los sectores que más afectan a la población y, consecuentemente, su respaldo al gobierno.

Hoy, el bloqueo continúa y los dueños de la plata en el mundo no han cambiado esencialmente su percepción sobre el carácter totalitario del estado cubano.

En América latina, el surgimiento de gobiernos izquierdistas y el interés de otros democráticos en mantener buenas relaciones con La Habana para desalentar sus anteriores compromisos con la izquierda extremista, han favorecido los intercambios de todo tipo. Y el aporte de Venezuela, Brasil, Ecuador y otros, a cambio de servicios médicos, representa un alivio a la economía estatal.

Los acercamientos nostálgicos a China y especialmente a Rusia, cuyas evoluciones internas y apetencias imperiales no entienden o aparentan no entender algunos, aportan apoyo político al gobierno, pero hasta ahora poco significan para una verdadera recuperación económica.

Si la llamada dirección histórica, con todavía clara la influencia de Fidel, no desea terminar como la de Brézhnev, tendría que realizar importantes transformaciones económicas y políticas.

A fin de liberar las fuerzas productivas, detener -y hasta revertir- el éxodo ya masivo y conseguir un cambio en la percepción de la comunidad capitalista internacional sobre su situación interna, el gobierno debería aplicar prontamente medidas económicas más allá de la “actualización”, encaminadas a liberar el mercado, fomentar las formas de producción autónomas “no estatales” y revisar su concepción estatalista de la propiedad y el mercado.

Y, paralelamente, entablar un diálogo nacional inclusivo que, para empezar, no tiene que ser directo, sino permisivo del libre intercambio de ideas diferentes y opuestas, junto al cese de la represión, hacia un clima de confianza que facilite reformar y democratizar el sistema político.

Esto implicaría un cierto reconocimiento de todas las tendencias políticas pacíficas y aflojaría las tensiones que soliviantan la sociedad. Las críticas a los gobiernos no nacen de la libertad de expresión ni de las nuevas tecnologías, sino de sus errores y falta de transparencia.

Las fuerzas democráticas de todos los colores, también podrían contribuir con la formalización pública de su compromiso con el diálogo nacional y la lucha política por las vías pacíficas y democráticas, contra el uso de la violencia y la intervención directa extranjera.

Esto las pondría en mejores condiciones para ayudar a mover al gobierno en la misma dirección, pues por sí solo no parece que éste vaya a cambiar verdaderamente. Habrá de entender que es mejor canalizar la corriente creciente que represarla.

Si no se avanza en ese camino u otro similar, con la participación de todos, la situación continuará deteriorándose y sus consecuencias serían impredecibles para el futuro de la nación cubana.

Por una sociedad de trabajadores libres.

30/sep/2014