Cuba Nuestra: Sociedad Civil


Levantemos los corazones
3 marzo, 2010, 14:10
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Instalación realizada por cubanos en España recordando a Zapata. Foto:enviada por JL Martel

Levantemos los corazones

“Su nombre es El Señor y está en la cárcel,

está en la soledad de cada preso

y nadie lo visita y hasta dicen,

tal vez, ese no era de los nuestros”

¿Le conocéis? M. Manzano

“Los más pobres entre nosotros son aquellos que no tienen el don preciado de la libertad; con estas palabras describía Mons. Pedro Meurice en enero de 1998, uno de los acápites más doloroso de nuestra realidad. Hoy, doce años después, podemos decir que el número de los más pobres entre nosotros es mucho mayor y abarca a casi todos los rincones geográficos y familiares de nuestra patria.

La Iglesia está llamada a desplegar su acción caritativa y evangélica sobre este basto campo del presidio y así lo hace sin duda en medio de sus limitaciones materiales, humanas y jurídicas. Comparten sin embargo esta dura realidad carcelaria un grupo de hombres y mujeres que, por el contrario, constituyen ellos mismos un modelo de testimonio evangélico para la Iglesia y de acción profética en la verdad; son aquellos a los cuales Cristo llamó felices y nos dijo que suyos es el Reino de los Cielos; los perseguidos y encarcelados a causa de la justicia. Sobre estos fijaremos nuestra atención en este artículo.

¿Podemos en estos momentos permanecer en la cerca o en las gradas, sin optar?, ¿Se ama de igual forma a las víctimas que al verdugo?, ¿No será el amor en solidaridad para unos y en conflicto para el otro?, ¿Podrán sentarse en un mismo banco y desearse la paz lo triturados y los defensores públicos o mudos, de la maquinaria?, ¿la cuestión hoy es salvar la neutralidad política de la Iglesia, madre de todos, frente a los proyectos y partidos políticos o la cuestión será más bien salvar la opción preferencial por los pobres y oprimidos?. Si es esto último, entonces estamos llamados a solidarizarnos con unos hijos a los cuales sus supuestos “hermanos” que detentan el poder, le niegan sistemáticamente sus derechos.

¿Nos refugiaremos en el cinismo de no sentirnos ni siquiera decepcionados o frustrados ante el imperio de la mentira y el sufrimiento del inocente?, ¿acaso nos dejará tranquilo el hecho de que no sean nuevos estos sucesos y ya nada esperemos?, ¿es lo mismo para nosotros el que va a la cárcel por la justicia que el que escala posiciones con su silencio? Parece que para Cristo no lo fue, cuando a unos “pobres” los llama felices y a otros “satisfechos y suficientes” los llama pobres y les advierte su final.

Para un pacífico prisionero político, lo primero que debemos exigir públicamente, es su liberación incondicional e inmediata, cualquier otra cosa es  “pasar con ficha”, es complicidad con la injusticia, más que un caso de pastoral penitenciaria, estamos ante casos de Justicia y Paz, no vale ir a las ramas, ni al lamento plañidero, ni a la frase ambigua que dejan las responsabilidades suspendidas en la indefinición eterna (¿por qué no fue posible?), ni al miedo disfrazado de “equilibrio y prudencia”, de quien en definitiva está fabricando un mal sombrero cuando ya se cortó la cabeza, ni mucho menos a la lección principista de moral cristiana, de quién nada muy bien fuera del agua, no queda más que ir a la raíz del problema y al confesionario hoy, mañana no se aceptarán menos que la petición pública de perdón por la complicidad, de los que debieron alzar a tiempo sus voces, alto y claro.

¿Quién mató a Zapata?, La Dictadura, las leyes injustas que no rechazamos a tiempo, los Generales y militares que endiosamos y nos apresuramos a legitimar, como quien busca el favor de los poderosos para franquear los obstáculos a sus intereses institucionales y personales, las farsas electorales que nunca condenamos, la mentiras que no desenmascaramos y la complacencia acumulada, a Zapata lo mató nuestro silencio y desidia. Nuestro lenguaje sibilino, nuestra costumbre de no llamar a las injusticias por su nombre, de no mencionar a los presos políticos por sus nombres propios e incluso negarle ese estatus con nuestra ambigüedad calculada. Ni Fuente Ovejuna, ni los E. U. A., tuvieron nada que ver, basta ya de mentiras y de rehuir responsabilidades, los primeros nunca se enteraron por la interferencia,  el silencio y la desinformación en nuestros medios y los segundos ya juzgaron a sus propios carceleros y son los únicos que, en América, honrosamente alzan su voz, sistemáticamente, por estos hombres, sin menoscabar su dignidad.

Se suceden: guerras, militarismos, terrorismos, luchas de clase, “estados totalitarios que falsifican sistemáticamente la verdad, que ejercen el dominio político y exclusivo de la opinión, que manipulan a los acusados y a los testigos en los procesos públicos y tratan de asegurar su tiranía yugulando y reprimiendo todo lo que consideran delitos de opinión” 1. Descubrimos que estas realidades tienen una misma raíz: el ateísmo, la impiedad, el desprecio de la persona humana, la fuerza sobre la razón y el derecho; como nos dijera Juan Pablo II en la Centesimus Annus. Descubrimos igualmente que el hecho de que existan muchas leyes no significa necesariamente que haya mucha justicia.

Parece que nos hundimos: “Maestro, Maestro, estamos perdidos”; gritamos asustados. ¿Donde está la fe de ustedes?, ¿Por qué tienen miedo? 2 – nos responde.

“Que se me paralice la manos derecha, que se me pegue la lengua al paladar …” 3, sino descubro el rostro del Siervo doliente en este pueblo, sin rostro ni condición humana, en este pueblo en quien ya nadie cree, ni siquiera el mismo y que no sabe ni puede más que sufrir.

Repitamos con Juan Pablo II, ante tanto escepticismo, oportunismo y cobardía: “Cristo nos enseña que vale la pena trabajar por una sociedad más justa, que vale la pena defender al inocente, al oprimido, al pobre. Que vale la pena sufrir para atenuar el sufrimiento de los demás”.

Digamos con Martí: “El mejor modo de servir a Dios es ser hombre y cuidar que no se menoscabe la libertad” y “No hay poda que taje una nube de ideas”.

El que quiera soldados que defiendan la patria que no se los quite, quitándoles derechos a sus ciudadanos. Digamos con Varela: “La injusticia con que un celo patriótico indiscreto califica de perversas las intenciones de todos los que piensan de distinto modo es causa de que muchos se conviertan en verdaderos enemigos de la patria …”

Actualicemos las bienaventuranzas con los protagonistas de nuestro tiempo y digamos:

  • Felices los abogados que defendieron con valor a los inocentes, a los que descubrieron a tiempo, “que un día estos acusados serán acusadores y estos acusadores serán acusados” 4, o lo que es lo mismo, “…arruinó a los soberbios con sus maquinaciones. Sacó a los poderosos de sus tronos y puso en su lugar a los humildes …” 5.
  • Felices los conciudadanos que esta vez no permitieron ser engañados y no se prestaron al convite de mastines de los actos de repudio y que están: “con su picota al hombro para quien les azuza a odios inútiles y para quien no les dice a tiempo la verdad” 6.
  • Felices las comunidades que sorteando presiones y amenazas del poder, muestran una solidaridad patente con los presos y sus familiares, en este peregrinar de un extremo a otro de Cristos rotos con sus cruces; porque ellas crecerán en espíritu y verdad y construyen sobre roca firme.
  • Felices los cirineos que han aliviado tanto dolor y cansancio.
  • Felices las madres, esposas, hijas y hermanas que no dejan morir la esperanza, con su dominical liturgia de palomas blancas, gladiolos y velas encendidas.
  • Felices los que sobreponiéndose al miedo, aún alzan la voz por los silenciados, porque no han permitido que la libertad cayera al suelo, ellos se multiplicarán como las estrellas del cielo y serán levadura del pueblo nuevo.

El aislamiento no podrá esta vez impedir la solidaridad. Ni podrán la descalificación y el perjurio impedir la comunión. “Abrazo sea el mar y uno los cubanos de la isla y los de afuera” 7. No saben lo que han hecho, han estremecido y despertado las conciencias en todas las latitudes, nos han unido para siempre.

¿Quiénes son, de dónde le nacieron a la patria estos héroes, estos candidatos a mártires, estos santos, estos hijos “imprudentes”?

“Estos son los que lavaron y blanquearon sus vestiduras en la sangre del cordero” 8, los que se prenden como antorcha en la noche oscura y fría para guiar a sus hermanos hacia el día. Los que nos muestran: “que no todo está perdido, los que ponen su corazón, los que saben que no será tan fácil como pensábamos” 9, pero no imposible por la gracia de Dios. Los continuadores legítimos, que saben encauzar la savia buena de Varela y Martí por los cauces pacíficos y no violentos de Gandhi y Luther King. Los que prefieren morir a matar, amar a odiar, perdonar a vengar, dialogar a injuriar. Felices entonces ellos también, porque son de los que luchan toda la vida, de la legión selecta de los imprescindibles, de los predilectos de Dios.

Consuelen, (…), consuelen a mi pueblo.

Háblenle, (…), háblenle a su corazón, y

Díganle que su jornada ha terminado”.

Abran, (…), tracen, (…), aplanen, (…), griten (…): toda carne es hierba, la hierba se seca y la flor se marchita cuando sobre ella sopla Yahvé”.

Sube, (…), proclama, (…) resuena fuerte tu voz, (…), grita sin miedo: Aquí está su Dios, Sí, aquí está y viene con mucho poder y lo someterá todo con su brazo, (…) y nos pone junto a su corazón” 10.

Se trancó  el dominó; por las dos cabezas, valor y poco tanto que la data, la gana el que menos tenga, el que menos se haya guardado para sí mismo. ¡Ay de los que se guardaron y se confiaron a las fichas altas! Pues serán contadas en su contra.

¿Querían una señal?, pues no se le dará otra que la de Jonás, en un martirio de 86 días de huelga de hambre; ¿querían presos?, pues ya se les han dado cientos; ¿querían muertos?; ¿acaso la desesperación y la locura no les han dado ya bastante? Pues ahí están, no son de cartulina ni de “trapo y lentejuela” 11, ni fabricados e inflados por la propaganda oficial, no son una realidad virtual que tuerce historias verdaderas, ni héroes por decreto; no lo necesitan, brillan con luz propia, son sangre de vuestra sangre y carne de vuestra carne, son la piedra de tropiezo, la brasa en la mano, la culpa en el alma, el guijarro en la bota, el cierre del juego, juntos formarán: “ese rabo de nube, ese torbellino en el cielo,  esa gran ira que sube, ese barredor de tristezas, ese aguacero en venganza que se llevará lo feo y nos dejará el querube” 12.

Sabemos con Martí; que “El dolor alimenta, el dolor purifica, el dolor nutre”, que “El caudal de los pueblos son sus héroes”, que “Los hombres son como pequeños maguas que chocan y se quiebran; y de los vasos rotos surge esencia de amor que alienta al vivo”. Sabemos que las cárceles son hoy, ese “…circo inmenso de espléndida batalla; en que riñen con su escudo de oro los siervos de la carne y con su pecho abierto, los siervos de la luz; (…) cuerpo a cuerpo, (…) diente a diente, entre la ley del amor y la ley del odio. Ha vencido esta vez la ley del amor”. El dolor, la soledad y el silencio transformarán en perla preciosa, al grano de arena, en el seno de la ostra cerrada; y le darán alas, en la prisión de su ovillo, a la oruga callada.

El dolor que nos embarga en manos de Dios lo ponemos, sabiendo que a él le duele más, pues el nos conoce mejor y nos ama primero y a todos, a víctimas y victimarios. Su amor nos lanza a la reconciliación y al diálogo que no a la inoperancia, ni a la actitud del avestruz ante la impunidad. “Queremos aprender de María, Señora Nuestra de la Caridad, a mantener nuestro SI y a sufrir, como Ella al pie de la Cruz, cuando no quiso contarle al mundo su dolor, sino proclamarle con fuerza su esperanza” 13. Fructifiquemos en iniciativas de solidaridad y desde las llagas que nos muestra el Cristo Resucitado renazcamos a la paz profunda, a la lucha limpia y serena y cantemos con el corazón levantado: “por mis hermanos y compañeros, voy a decir la paz contigo. Por la casa del Señor, nuestro Dios, te deseo todo bien” 14. Y tengamos confianza, nuestro Guardián no duerme.

José M. Fernández-Vega Barreto

1 _ Catecismo de la Iglesia Católica (1992).

2 _ Evangelio de San Lucas: 8, 24 – 25; Biblia Latinoamericana.

3 _ Salmo 137, 5 – 6: Biblia Latinoamericana.

4 _ Palabras de un abogado defensor durante los juicios de la “Primavera negra de Cuba”.

5 _ Evangelio de San Lucas: 1, 51 – 52; Biblia Latinoamericana.

6 _ Selección de pensamientos de José Martí, IPS, p.24.

7 _ Ibíd., p-24.

8 _ Apocalipsis: 7, 14; Biblia Latinoamericana.

9 _ Parodia de un fragmento de una canción del cantautor argentino León Giego.

10_ Fragmentos de Isaías: 40; Biblia Latinoamericana.

11_ Fragmento de la canción  “La maza” de Silvio Rodríguez.

12 _Parodia de un fragmento de la canción “Rabo de Nube” de Silvio Rodríguez.

13_ Fragmento del Mensaje Final del ENEC; 1986

14_Fragmento del Salmo 121, Biblia Latinoamericana.

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